Una carta para usted…

Marzo 30, 2008 at 9:19 pm (MI CORAZON...)

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 Según dicen, ya usted tiene otra amante.

Lástima que la prisa nunca sea elegante…

Yo sé que no es frecuente que un hombre

se resigne a ser viudo sin haber sido esposo,

ni pretendo tampoco discutirle el derecho

de compartir sus penas, sus goces y su lecho;

pero el amor, señor, cuando llega el olvido,

también tiene el derecho de un final distinguido.
Perdón, si es que le hiere el reproche; perdón,

aunque sé que la herida no es en el corazón…

Y, para perdonarme, piense si hay más despecho

en lo que yo le digo que en lo usted ha hecho;

pues sepa que una dama, con la espalda desnuda,

sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda,

pero no, como tantas, de un difunto señor,

sino, para ella sola, viuda de un gran amor.

Y nuestro amor, ¿recuerda?, fue un amor diferente,

al menos al principio; ya no, naturalmente.

Usted era el crepúsculo a la orilla del mar,

Que, según quien lo mire, será hermoso o vulgar,

Usted era la flor, que, según quien la corta,

es algo que no muere o es algo que no importa.

O acaso, cierta noche de amor y de locura,

yo vivía un ensueño…y usted, una aventura.

Usted juró cien veces ser para siempre mío.

Yo besaba sus labios, pero no lo creía…

Usted sabe y perdóneme que en ese juramento

influye demasiado la dirección del viento.

Por eso no me extraña que ya tenga otra amante,

a quien quizá le jure lo mismo en este instante.

Y como usted, señor, ya aprendió a ser infiel,

a mí, así, de repente… me da pena por ella.

Sí, es cierto. Alguna noche su puerta estuvo abierta,

y yo, en otra ventana, me olvidé de su puerta;

o una tarde de lluvia se iluminó mi vida

mirándome en los ojos de un desconocido;

y también es posible que mi amor indolente

desdeñara su vaso, bebiendo en la corriente.

Sin embargo, señor, yo, con sed o sin sed,

nunca pensaba en otro si lo besaba a usted.

Perdóneme de nuevo si le digo estas cosas,

pero si los rosales dan solamente rosas;

y no digo estas cosas por usted ni por mí,

sino por los amores que terminan así…

Pero vea, señor, qué diferencia había

entre usted, que lloraba, y yo, que sonreía,

pues nuestro amor concluye con finales diversos:

Usted besando a otro; yo, escribiendo estos versos…

QUIANA DURAN…

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